Las presas de Guanajuato reportan un almacenamiento promedio del 81.1 % al corte más reciente del día de hoy, con un volumen global cercano a los 1,400 millones de metros cúbicos, de acuerdo con datos de la Secretaría del Agua y Medio Ambiente (SAMA).
El contraste con la
Laguna de Yuriria es preocupante, apenas alcanza el 44.7% de su capacidad, con
124.55 millones de metros cúbicos y afluencias reducidas a 9.1 m³/s. En las
mismas fechas de 2025 el embalse se mantenía en 75.3 %, con 209.85 millones de
metros cúbicos. La merma supera el 40 % en volumen respecto al año anterior.
Desde el 15 de junio de 2025 el
municipio no registra sequía moderada, severa, extrema ni excepcional, según el
Monitor de Sequía del Servicio Meteorológico Nacional. La anomalía no responde
a falta de lluvias locales.
Cuando el nivel desciende, la
vegetación seca lirio, tule, carrizo y maleza en las orillas se convierte en
combustible. Históricamente, estos descensos han detonado incendios recurrentes
sobre la rivera durante la temporada de estiaje y quemas agrícolas, arrasando
decenas de hectáreas, afectando fauna y generando columnas de humo visibles
desde la cabecera municipal y municipios vecinos. El peligro no es hipotético,
es un patrón documentado que se intensifica cada vez que el vaso baja.
Pese a las reuniones convocadas
para el cuidado y saneamiento de esta Área Natural Protegida y Sitio Ramsar,
las estrategias anunciadas no se han traducido en acciones concretas ni en
resultados visibles sobre el terreno. El nulo posicionamiento público de las
autoridades respecto al acueducto que partirá de la Presa Solís, en Acámbaro,
hacia León y el corredor industrial, genera incertidumbre entre quienes
dependen directamente del cuerpo de agua.
El secretario de Gobierno, Jorge
Daniel Jiménez Lona, indicó en entrevista el día de ayer que atenderá el tema
de ser posible, en coordinación con las autoridades municipales. Sin embargo,
en Yuriria las mesas de trabajo no han incluido el asunto del acueducto ni han
contemplado trabajo de campo real con los sectores afectados.
Pescadores, prestadores de
servicios turísticos, comercios de la zona y habitantes de La Angostura, Loma
de Zempoala y la propia cabecera municipal de Yuriria continúan al margen de la
información y de cualquier consulta formal sobre los posibles impactos.
La Laguna de Yuriria no es un
simple embalse más, es el sustento de familias, el eje de una zona natural
protegida y un ecosistema que, al bajar de nivel, se expone a incendios,
pérdida de hábitat y deterioro irreversible.
